En Estambul el turista podrá encontrar unos monumentos realmente bellos y muy importantes. El pasado en estas tierras les ha dejado un legado muy interesante en cuanto a construcciones. Una de las grandes construcciones es sin duda la Basílica de Santa Sofía que cuando la vean se quedarán asombrados de tanta belleza y lo bien que se conserva todavía. Es un monumento de bellas características externas e internas y que dejará sorprendido a todo aquel que se acerque a poder disfrutar de su belleza.

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Fue construida entre los años 532 y 537 por lo que se pueden hacer una idea de los años que lleva este monumento de pie. De esta basílica destaca un elemento por encima del resto. Se trata de su cúpula ya que tiene unas dimensiones de 32 metros de diámetro y 56 metros de altura. Este monumento se construyó en el mandato de Justiniano y lo que quería representar en este edificio era toda la grandeza del impero ya que era muy común que se usaran los monumentos para manifestar el poder de una nación, imperio, país, etc.

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Otros elementos interesantes de esta basílica son sus revestimientos dorados que al darle la luz dan un reflejo realmente único y fantástico de contemplar. Desde luego esta basílica tiene un toque misterioso ya que está en una zona que durante muchos años han ocurrido hechos muy destacables y todos ellos lo ha vivido la basílica.

No deben perderse esta estupenda Basílica ya que es un símbolo importante de la cultura turca y de su arquitectura. Esta es sin duda una de las grandes construcciones de toda Turquía y que sin duda merece la pena poder visitar cuando vamos de turismo por este país.